Derechos

Dr. Alberto Campos Carlés

Son relativos y sujetos a gradación. Derecho. Tíldese y lléguese a sinónimos: Adjetivos: Erguido, recto, justo , directo, rígido, sensato . Sustantivo: Derecho, impuesto, facultad, opción, justicia, razón, equidad, rectitud, jurisprudencia, legislación, ley. Antónimos: Deber, injusticia.

Derecho natural o Iusnaturalismo. No se piense que se trata de algo relacionado con la Naturaleza. Nada de eso. Se refiere sólo a la “naturaleza humana”. Es el derecho que se (¿les?) otorgan (¿a?) los humanos, per se o por mandato divino, un estatus superior a todos los seres vivos. Deviene de la Ley Natural, la menos natural de las leyes, muy diferente al concepto de Orden Natural. La ley Natural o ley Moral establece códigos que se ofrecen como indiscutibles e inmutables. Ejemplos abundan.

Relativos e interpretables. Derechos individuales y colectivos. Herramientas de las sociedades humanas para regular y administrar la convivencia.

Episteme es un término que etimológicamente procede del griego "ἐπιστήμη" que viene de conocimiento o ciencia Para Platón y Aristóteles episteme es un concepto de conocimiento universal que es verdad por necesidad. En este sentido, los objetos de la episteme no pueden cambiar.

Derecho natural. Aplicable desde la razón y aparentemente inmutable. Epistemológicamente hablando, define en los niveles más básicos del conocimiento lo que está bien y lo que está mal, lo que se puede o no hacer. Lo que “es natural” en el hombre, frente a lo “antinatural”, donde ingresan todas las trasgresiones sin distinción. Parecería, por analogía, derivar de la Naturaleza, aunque ésta sólo aplica la ley del más fuerte. La ley de selección natural. En la Naturaleza no prevalece otro derecho, que el hombre lo ejerce cuando le viene bien y puede, disimulada o abiertamente. El hombre refiere el derecho natural a la “naturaleza humana”, y lo impregna de rasgos ontológicos y metafísicos. Mediante su uso, limitado o generalizado, define lo que “está bien” y lo que “está mal” y lo refiere a “una verdad por necesidad”. Los demás derechos que conocemos y que utilizamos entre nosotros, son derivados de este “derecho original”, y sirven, como dijimos, de herramientas de convivencia, y son variables según el tipo de sociedad, muchas veces contradictorios y opuestos.

El derecho a la vida. Relativo y de aplicación progresiva. Cuanto más bajo se encuentre ese ser vivo, tanto filogénica como ontogénicamente hablando, menos derechos se le aplican. Cuando no se lo aplica en nombre de su antónimo, el derecho a la muerte, a la supresión, a la eliminación.

La expresión “derecho”, con sus variadas connotaciones, refleja siempre una valoración ética, cuando no moral, en contraposición a lo “no derecho”, no recto, torcido, ilícito, etc. En la única acepción donde ambos contrarios no compiten es en la de “Derechos y deberes”, ambos justos, necesarios y complementarios.

¿Representa siempre este término lo que queremos establecer en cada circunstancia que lo utilizamos?

No. Para algunos, hay derechos absolutos, y para otros no. ¿Dónde se encuentra la línea divisoria entre derechos y obligaciones? ¿Es esta línea constante o variable para cada tiempo y tipo de sociedad humana?

Variable y relativo, el derecho sustantivo, ¿merece llevar consigo acepciones o significados éticos y/o morales, como lo establece el Iusnaturalismo?¿ Merece? ¿No merece?

En la Naturaleza, guste o no guste, no existe el Derecho Natural, y la regla que se aplica es que los fines siempre justifican los medios. Ahora bien, si analizamos la praxis humana desde el Derecho Natural, muchas veces vemos aplicada por el hombre esta regla, en nombre del Derecho Natural y para “defender al bien del ataque o avance del mal”. No parece que ni siquiera el Iusnaturalismo merezca llevar, por lo menos, significados èticos.

Así como los menores de edad no tienen los mismos derechos que los mayores de edad, la gradación de estos derechos es regulable, modificable, autoritaria o consensuadamente. Las distintas definiciones de “persona”, de alguna manera se adaptan a esta gradación, y la sociedad, cuando utiliza esta palabra, lo hace en general para nombrar un adulto de la especie.

Si de cigoto y preembriones hablamos, siguiendo por el embrión implantado, el feto, y luego el niño ya nacido, hay una maraña de indefiniciones que llevan a confusión cuando el derecho (sust.) debe tratarlos y definir su incumbencia en esa materia. Salteando la línea ontológica de la evolución, llega a veces al extremo de no reconocer las abismales diferencias que la naturaleza establece entre un ser primigenio y uno plenamente desarrollado. Basándose en la potencialidad, se confunde arbitrariamente el código del derecho que la naturaleza moviliza en este planeta y que no es otro que el “natural”, donde las categorías, indefinidas en estadíos inferiores, son claras en los superiores.

Pero los humanos respetan sólo lo que les resulta conveniente respetar. Y les dan acepciones a sus herramientas verbales según este principio (como si una línea recta o derecha fuera más aceptable, conveniente, ética o hermosa, que una línea ondulada o torcida, si de geometría hablamos, p.e.). que paraliza al hombre cuando intenta avanzar en definiciones, digamos, “naturales”. Y cuando analiza lo que la biología moderna le ofrece hoy, día a día, se queda tan perplejo y la parálisis mental que lo ataca es tan fuerte, que pretende, arbitrariamente, paralizar a la ciencia. Hasta que lo comprenda y pueda decidir al respecto. Inventó entonces la bioética, aunque olvidándose que la biología engloba a “todos” los seres vivos, no sólo a los humanos, y que una cosa es pretender poner límites a la "aplicación de la ciencia", y muy otra es pretender limitar "lisa y llanamente" a la ciencia.

A la naturaleza no le preocupa concederles a todos los seres vivos los mismos derechos, y no los provee de iguales herramientas para sobrevivir. En una línea progresiva siguiendo la filogenia, y la ontogenia, los organismos con sus herramientas, son perfeccionados o eliminados, y hay individuos y especies que prevalecen sobre otros. Utilizando esa ley de la naturaleza (ya que la ley Natural se refiere al hombre), pero matizada y disimulada por concepciones éticas, morales y religiosas, llegamos hasta acá, sin tener cabal conocimiento de nuestra creación, que por un lado extrema la ley de la naturaleza, pero simultáneamente ofrece un mandato benevolente de “beneficencia” y “no malevolencia”, que protegería a los menos dotados, a los inocentes, a las minorías, al “sexo débil”, etc.

Reproducción humana

Si dejamos hablar a la Biología: “Fecundidad máxima (la probabilidad de concepción durante un ciclo menstrual) es de aproximadamente 30 por ciento. Sólo el 50 a 60 por ciento de todas las concepciones avanzan más allá de las 20 semanas de gestación. De los embarazos que se pierden, el 75 por ciento representa un fracaso de la implantación y no son por lo tanto clínicamente reconocidos como embarazos”.

( Errol R. Norwitz, MD, Ph.D., Danny J. Schust, MD, y Susan J. Fisher, Ph.D. N Engl J Med 2001; 345:1400-1408)

Si hiciémos lo mismo que la naturaleza a través de la “fertilización asistida”, seleccionando a los más aptos, dicho procedimiento sería severamente cuestionado por algunos estamentos de la sociedad. Estudios recientes muestran que es algo mayor la tasa de malformaciones entre embarazos por fertilización asistida que por reproducción natural, que aún se muestra más eficiente. Ni hablar de la críopreservación de preembriones (que algunos no distinguen de los embriones, que no se pueden críopreservar pues ya están implantados). Otro caso dilemático y con connotaciones éticas, es la experimentación con células madre embrionarias (que deberían denominarse preembrionarias), en contraposición con las células autólogas adultas, método recomendado éticamente pero que la biología demuestra limitado en el tiempo, ya que el telómero, o reloj de la célula situado en los extremos de los cromosomas, salvo excepciones, marca límites casi inevitables en la vida celular. Con cada reproducción celular por mitosis, la capacidad de repetición va limitándose, hasta que la célula, acabado su tiempo, muere por apoptosis. Por lo tanto, un telómero largo de una célula preembrionaria, asegura una capacidad reproductiva plena de la misma, en contrario con lo que le sucede a una célula adulta, con telómero ya corto.

Derechos reproductivos y desigualdad de géneros:

A nadie escapa que las políticas reproductivas han sido y aún son reguladas, dictadas y dirigidas por el género masculino, limitando los derechos del género femenino, a pesar de que a éste la Naturaleza le ha otorgado el “supremo secreto de la vida”: El de la reproducción, que en definitiva, permite y promueve la perpetuación evolutiva de la especie. Sin garantías. Otorga las herramientas, nada más. Con todos sus riesgos, que este género acepta y asume. Sus escasos y limitados derechos reproductivos no son acordes a la contribución que al proceso realiza (riesgos y molestias del embarazo, parto, cuidado de las crías) sumado al fundamental material propio que asegura la propagación de la especie. Del óvulo vienen las microcentrales energéticas (mitocondrias) de todas y cada célula de los seres vivos con reproducción sexuada. Somos todos descendientes de la legendaria Eva Mitocondrial. Del pronúcleo ovular deviene el embrioblaasto, o sea el material embrionario que constituye el organismo en gestación con sus tres capas: Endodermo, ectodermo y mesodermo. Del pronúcleo masculino provienen placenta y membranas. (Ver mola hidatiforme y teratoma, andro y ginogenéticos respectivamente). Utero, con su necesaria capa endometrial y alimentos, oxigenación y excreción de desechos, exclusiva provisión de la madre.

Esta diferencia cualitativa, ¿no debería estar reflejada de una manera más justa, equitativa y saludable en la legislación sobre derechos reproductivos?

Ley Natural. Deriva del menos natural de los derechos. El resto de los “derechos humanos” son relativos, revisables, opinables, discutibles. Y siempre, ampliables, mejorables. ¿Dejando la moral y la ética de lado? No parece útil ni apropiado abandonar la ética.

Y en el ámbito de la filosofía, para Michel Focaullt la episteme aparece como el marco de saber acorde a la determinada "verdad" impuesta desde un poder en cada época (de este modo sugiere que es muy difícil que la gente pueda entender o concebir las cosas y las palabras fuera del marco de la episteme epocal en que tal gente existe). El argumento fundamental de la interrogación de Foucault son los códices fundamentales que están en la base de una cultura, códices que influencian nuestra experiencia y nuestro modo de pensar. Para pensarlo…

fuente: http://contrapuntoarg.blogspot.mx/