Violencia…

Violencia contra las mujeres

Por: Dr. Héctor A. Mendoza C.


Artículo publicado en la revista “PRAXIS” de la Facultad de Trabajo Social y Desarrollo Humano, UANL.

¿REALMENTE SERÁ LA ÚLTIMA VEZ QUE LE PEGUEN A PATRICIA?

Con bombo y platillo el Senado de la República esta publicitando, tanto en la radio como en la televisión,  la nueva Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Permítaseme decir que todo es una pifia, una triste falacia. Lo más seguro es que sí le volverán a pegar a Patricia.

En la radio, con la misma tonta estrategia de siempre, escuchamos hasta el cansancio una y otra vez:

“Señor Martínez, está usted acusado por agredir a su esposa. Acompáñenos”. Acto seguido se aprecia que el supuesto agresor intenta defenderse: “Déjeme explicarle, por favor”, y luego exclama “Suélteme, suélteme” Sin embargo, se escucha una solemne voz diciendo: “Esta será la última vez que le peguen a Patricia. En la Cámara de senadores hemos aprobado una ley para que las mujeres vivan libres de violencia, con castigos más severos para los agresores. En el Senado de la república trabajamos para ti”

En la televisión por su parte, repiten también hasta el hastío, un anuncio en el que se ve a una mujer cuyos golpes en el rostro van desapareciendo a medida que avanza el guión.
“Ésta será la última vez que le peguen a Patricia, porque la próxima vez que la toquen, aunque sea con el pétalo de una rosa, el agresor será castigado (…) A partir de ahora, Patricia podrá sonreír toda su vida. En el Senado de la República vemos por ti”.

Ambos mecanismos publicitarios son en principio, falsos e hipócritas, ya que al revisar la nueva ley no encontramos los aludidos “castigos más severos”, en consecuencia, quien sabe si Patricia podrá sonreír toda su vida.

La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, es un rosario de definiciones. Tal parece que nuestros senadores -quizá al abrigo de una taza de café-, hicieron el mejor de sus esfuerzos neuronales para establecer un sin fin de definiciones, que aunque interesantes, algunas muy desafortunadas.

Así por ejemplo, en el artículo 6 de la mocionada ley, se establece una categorización respecto de los diferentes tipos de violencia que pueden ser ejercidos en contra de la mujer, y entre las elucubraciones de nuestros senadores, encontramos que el “desamor”  es considerado como uno de los tipos de violencia.

Hasta donde mi razón me permite, el amor es un sentimiento, no es el producto de la reflexión. De hecho es común amar y dejar de hacerlo, pues bien, según la citada ley, hoy, dejar de amar, implica ejercer una forma de violencia.

En este sentido, cabe reflexionar cómo nuestros legisladores llegan al absurdo, ya que el desamor no puede ser un acto sancionado por la ley, en todo caso la pretensión es la de castigar actitudes o situaciones violentas y denigrantes en sus múltiples facetas. Así pues, absurdamente pretendemos regular el desamor, sin  haber previamente, regulado el amor. Lo que por lo demás también sería un absurdo.

En el mismo artículo seis se menciona el “descuido reiterado” como otra forma de violencia en contra de las mujeres, debo confesar que no entiendo el concepto. Es decir, que debo entender por descuido reiterado, que no habíamos dicho que hombres y mujeres éramos iguales, pareciera que en una posición anticuada y conservadora los hombres estamos obligados a “cuidar” a las mujeres.

Que no es precisamente lo contrario a lo que aspiran, no solo los grupos feministas, sino las mujeres en general. Insisto en el concepto de igualdad, por que de no ser así, la ley sería violatoria de nuestra constitución.

Siguiendo la lógica de esta ley, el hombre que des-ame a su mujer, o bien aquel que no la cuide, estaría cometiendo un acto violento, y la pregunta obligada es: ¿Y si es la mujer la que des-ama o des-cuida al varón? ¿Acaso en tales hipótesis no será violencia?

El ridículo artículo seis continúa con más de disparates, así la indiferencia o el rechazo, son formas de violencia psicológica. Entonces, debo entender que en adelante no puedo, en mi condición de varón, ser indiferente ante ninguna mujer y mucho menos rechazarla, ya que de asumir tales actitudes, estaría violentando una ley general. Muy probablemente mi esposa no estará de acuerdo con mis reflexiones, sin embargo, como buen ciudadano, debo ser absolutamente respetuoso de la ley.

En el artículo quinto podemos leer la expresión, “Derechos humanos de las mujeres”, de nueva cuenta no puedo menos que cuestionar: ¿Cuando hablamos de derechos humanos, acaso no estamos hablando de los derechos de la especie humana? realmente será necesario distinguir entre los derechos humanos de las mujeres y de los hombres. De ser así, quitémosle la palabra humanos, ya que la mujer al igual que el hombre pertenece a la raza humana, entonces, decir derechos humanos de las mujeres – o de los hombres – sería un pleonasmo. Los derechos humanos son realmente derechos universales, y en este sentido no pueden tener género, son derechos de hombres y mujeres por igual.

Por otra parte, el mismo artículo quinto de la ley que se comenta, establece que para efectos de la misma se entiende por víctima, “la mujer de cualquier edad a quien se le inflige cualquier tipo de violencia” es decir, en términos de dicha ley, jamás podrá haber una víctima varón.

Entonces ¿donde queda la igualdad del hombre y la mujer? protegida constitucionalmente por el artículo cuarto. En este sentido debo aclarar, que mi análisis no es desde la perspectiva de los varones o de las mujeres, sino desde una jurídica.

Pero continuemos con la hipocresía manifiesta de esta ley, no solo en contra de Patricia, sino de todas las mujeres y de la sociedad misma.

Los eslógans  publicitarios, dicen explícitamente que a partir de la promulgación de esta ley existen castigos más severos, que obligarán al Señor Martinez, y a todos los Señores Martinez a no volver a tocar, ni con el pétalo de una rosa a Patricia, y a todas las Patricias por ella representada.

Nada más falso, ya que la multicitada ley no prevé castigo alguno para los agresores, así que el Señor Martinez y todos los Señores Martinez de nuestro país deben estar de fiesta, ya que muy a pesar del discurso radiofónico o televisivo, podrán volver a agredir a todas las Patricias de nuestra nación en iguales términos, ya que esencialmente y de fondo, nada ha cambiado.

La nueva Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, tímidamente apenas, ruega a los poderes legislativos, federales y locales, que consideren la inclusión en sus diferentes legislaciones del concepto de violencia familiar, tanto en el ámbito penal, como en el civil. Es decir, como delito y como causa de divorcio.

Efectivamente, esta ley General, tan cacaraqueada establece en su artículo nueve que: “Con el objeto de contribuir a la erradicación de la violencia contra las mujeres dentro de la familia, los Poderes Legislativos, Federal y Locales, en el respectivo ámbito de sus competencias, considerarán

a)   Tipificar el delito de violencia familiar

b)   Establecer la violencia familiar como causal de divorcio

c)   Establecer que la violencia familiar es causa de pérdida de la patria potestad o de restricción para el régimen de visitas, así como impedimento para la guarda y custodia de niñas y niños;

d)   Disponer que cuando la pérdida de la patria potestad sea por causa de violencia familiar y/o incumplimiento de obligaciones alimentarias o de crianza, no podrá recuperarse la misma,

e)   Incluir como parte de la sentencia, la condena al Agresor a participar en servicios reeducativos integrales, especializados y gratuitos.

Pero insistimos, lo que la tan publicitada ley propone en la realidad es que las legislaturas, federal y local, CONSIDEREN la inclusión de todos estos elementos.

Así pues, cuáles mayores castigos para los agresores. El Señor Martinez y todos los Señores Martinez del país pueden estar tranquilos, quien debe no creer en los spots publicitarios es Patricia y todas las Patricias del País.

El artículo once establece otra forma de violencia denominada violencia laboral, y entre otros de sus absurdos dice que es violencia laboral las amenazas, la intimidación, las humillaciones y la explotación. ¿Debo entender entonces, que antes de la aparición de esta ley el amenazar, el intimidar, el humillar o el explotar a una mujer no representaba un acto contrario a las leyes?

En México nos caracterizamos por tener muchas leyes, en muchas ocasiones, -como en esta- repetitivas y huecas. Las amenazas o la explotación han sido desde hace mucho sancionadas por la ley, no importa si fueran hecha por hombres contra mujeres o a la inversa. Lo lamentable del caso, es que jueces y demás funcionarios ignoren y no apliquen la ley.

Lo que realmente hace falta, es establecer los mecanismos para que aquel que ejerza cualquier forma de violencia – hombre o mujer – sea verdaderamente sancionado, establecer mecanismos para que cuando un servidor publico, particularmente agentes del ministerio público o jueces, apliquen la ley tendenciosamente favoreciendo a quien sea, sean éstos –agentes del ministerio público o jueces- severamente sancionados, no es una cuestión de hombres contra mujeres, o de éstas contra aquellos, es un problema de aplicación justa de la ley.

Quien debe estar en el centro de observación, no son las Patricias o los Señores Martinez, – quienes deberían ser la excepción y no la regla- sino aquellos funcionarios que por misóginos – o en la mayoría de los casos por corruptos – aplican discrecionalmente la ley. Lo que si parece una regla y no una excepción.

Todas las Patricias del país merecen respeto, y todos los Señores Martinez deben ser sancionados, pero para ello necesitamos leyes verdaderas y jueces verdaderos, no leyes como la que hoy comentamos y jueces como los que hoy padecemos.

Pongamos al juez más inepto a juzgar en la plaza pública, y veremos que frente a la mirada de la ciudadanía lo hará bien. Mientras los jueces sigan siendo entes sin rostro, mientas se escondan en su privado, mientras reciban a una de las partes sin la presencia de la otra, las cosas seguirán igual. No importan en este sentido los spots del senado, no importa incluso a que ley nos refiramos.

La ley no es, o mejor dicho, no debe ser tan complicada, pero con leyes como esta, y con anuncios que confunden a la sociedad, ni Patricia, ni el Señor Martinez, ni el país en general, podremos salir adelante.

Necesitamos dejar de ser hipócritas y defender a todas las mujeres, a todos los hombres, a todos los ancianos o a todos los niños que se encuentren en una posición de desventaja y abuso. No necesitamos más leyes, sino mejores jueces.

Como podemos ver, es una vil mentira que el Senado de la República ve por Patricia, por mi, o por nosotros.

El senado de la república únicamente ve por sus intereses. Pobre Patricia.

Una última observación, se supone que la ley lo que pretende es evitar las distinciones de género, sin embargo, en la práctica es precisamente lo contrario lo que termina por hacer. Recordemos que bajo la óptica de esta ley, solo las mujeres pueden ser las víctimas. Por otra parte, la citada Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, termina por contraponerse a otra, igual de inútil, denominada La Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres, promulgada apenas seis meses antes que la anterior.

** Al terminar de escribir éste artículo, el periodista Javier Alatorre, difundió ampliamente y a nivel nacional, el caso de Alejandra, una mujer crónicamente vejada por su pareja. Entrevistando al varón, éste se burló de la ley que se comenta, afirmando que él era experto en derecho y que dicha ley se la pasaba por el arco.  Esta es en realidad, la triste historia.

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