La inseminación artificial…

La Inseminación Artificial en Humanos
“Una encrucijada para la filiación”


Por: Dr. Héctor A. Mendoza C.

Artículo publicado en revista Perspectivas Sociales

 


INTRODUCCIÓN:

La intención de este trabajo es la de abordar un tema contemporáneo que ha sido ignorado en su dimensión jurídica y social. Nuestro tema, la inseminación humana artificial, tiene un sin fin de aristas que deben ser estudiadas, igual por abogados que por sociólogos, por psicólogos o bien por trabajadores sociales.

Nuestro abordaje partirá de un hecho evidente, las técnicas de procreación asistida son hoy una realidad concreta y tangible, sin embargo, si bien la parte tecnológica ha evolucionado rápidamente –quizás en los últimos treinta años-, las ciencias sociales en general se han mantenido rezagadas en extremo. [1]

Podemos afirmar que actualmente la procreación humana asistida salió de la esfera de la ciencia ficción que originalmente plateara Aldous Huxley [2], hoy podemos observar que el fenómeno reproductivo, artificial o semi artificial, es una realidad que incluso, llega al extremo de ser objeto de comercialización. [3] Lo lamentable de ello es que, en general, las ciencias sociales parecen haber decidido no intervenir de lleno en el fenómeno.

Partimos del hecho de que la ausencia total o parcial de una normativa que regule lo Bio-tecnológico es a todas luces grave, pues hoy, en países como el nuestro estas tecnologías se rigen, si acaso, a partir de códigos éticos particulares y por lo mismo dispares. [4] Es precisamente ahí donde radica la importancia, en nuestra opinión insoslayable, de abordar el tema que nos ocupa.

Para nosotros, un punto de partida es que la ciencia en general, no puede y quizás no debe frenarse, pero también consideramos que es necesario marcar pautas de acción, limites, fronteras. No podemos por ejemplo, permitir la creación de quimeras o híbridos, [5] que quizás biotecnológicamente son posibles o potencialmente posibles, pero ética, moral, jurídica y socialmente, no pueden ni deben ser aceptadas. [6]

Los profesionistas de lo social no podemos ser solamente espectadores ante estos avances de la bio-ciencia. Para una sociedad que aspire a vivir bajo un estado de derecho, encontrar una respuesta a este tipo de fenómenos es una obligación indefectible de la cual no es posible sustraerse. Resulta pues necesario, empatar el avance tecnológico con el normativo. [7]

Hoy resulta insoslayable para médicos y abogados, así como para el resto de los profesionistas del ámbito de lo social, el promover una trasformación de aquellos conceptos jurídicos que atañen a las posibilidades ofrecidas por las nuevas bio-tecnologías.

Destacamos que el problema fundamental radica en que aquello que para unos representa un acto natural, es decir el acto sexual como vía de procreación, para otros es un acto terapéutico, un procedimiento médico asistido, que lamentablemente, no se encuentra debidamente regulado.

Hoy tenemos, gracias al avance de la Biología, diferentes y nuevas alternativas respecto de la filiación, nuevas formas que aunque existen en la realidad Biológica, siguen aun ausentes de la realidad social y jurídica. [8]

Cabe destacar que actualmente, pocos son los países que se han dado a la tarea estudiar e integrar en su normativa, lo que podíamos llamar estas nuevas fronteras de la ciencia. [9]

 

 


1. DESCRIPCION DEL FENÓMENO

 

Ante la imposibilidad de lograr la fecundación de manera natural, hoy es posible recurrir a diversas técnicas de procreación asistida, de las que básicamente podemos hacer una gran división en dos partes, por un lado la Inseminaron artificial y por la otra la Fecundación In Vitro. Por razones de espacio, en este artículo únicamente abordaremos la primera.

Que debemos entender por inseminación artificial. En principio y por definición, inseminar es hacer llegar el semen al ovulo mediante un artificio cualquiera. [10]

Podemos decir al respecto que ésta es una técnica específica basada en la manipulación de los gametos, masculinos y femeninos con una doble finalidad; la inmediata es la de lograr la fecundación –mediante procedimientos médicos- y la mediata la de lograr un embarazo y el consecuente alumbramiento de un hijo. A diferencia de otras técnicas como la fecundación in Vitro, en este caso no existe una extracción de óvulos de la mujer pero si de espermatozoide del hombre. Ésta técnica implica además, una forma de inseminación no convencional, dado que, como es evidente, no es necesaria la relación sexual entre hombres y mujeres.

Las tres formas básicas de éste procedimiento son las siguientes: inseminación intra vaginal, misma que implica colocar el semen extraído previamente, en la parte superior de la vagina mediante el uso de una jeringa, inseminación intra cervical, en este caso el material biológico masculino se deposita en el cuello del útero y por último la inseminación intrauterina, en la que se inyecta directamente dentro del útero el material masculino. [11]

Aunado a lo anterior, debe destacarse que en esta técnica primordialmente, se utiliza el semen del esposo o pareja estable de la mujer, sin embargo, ésta no es la única alternativa posible. Efectivamente, dicha técnica permite que una mujer sea inseminada con esperma de otro hombre que no sea su pareja e incluso, -parte de la discusión- técnicamente no existe ninguna limitante para que sean inseminadas mujeres solteras. [12]

En general la primera de las hipótesis no genera una gran discusión, es decir cuando la inseminación es de carácter homóloga, con semen del marido o pareja estable, no nos enfrentamos a graves discusiones.[13] Sin embargo, el resto de las posibilidades, generan controversias de carácter moral, ético, jurídico, sociológico e incluso religioso.

Decimos que en ésta primer hipótesis, es decir en la inseminación homóloga, no se generan grandes problemas, pues la maternidad y la paternidad pueden ser –en lo general-, resueltas de conformidad con nuestra legislación actual. En esta hipótesis, el nacido es hijo –biológicamente- de la pareja en cuestión, en consecuencia, la filiación de ese ser humano no representa ningún problema. Dicho de otra forma, existe una identidad entre filiación biológica y legal, así la condición de hijo de ese menor es reconocida jurídica, familiar y socialmente.

El problema principal se presenta cuando una pareja no unida en matrimonio o en concubinato decide recurrir a esta técnica, cuando una mujer soltera hace uso de este avance médico, o bien en el caso de la inseminación post-mortem.

Como ya se mencionó, los problemas comienzan cuando se utiliza algún elemento biológico extraño a la pareja, es decir, en la llamada inseminación heteróloga.

Podemos decir que en términos de técnica médica la inseminación homóloga y heteróloga son lo mismo, sin embargo, en la segunda el nuevo componente radica en que la fecundación es producto de un gameto masculino ajeno biológicamente a la pareja. [14] Es decir, ésta técnica implica la inseminación de la mujer mediante la donación de esperma, generalmente por problemas de esterilidad en el varón.

Aquí, el problema radica en que el producto, es decir el ser humano resultante, encontrará una clara vinculación biológica –e incluso jurídica- para con la mujer, en tanto que el varón, quien bajo nuestras leyes por regla general resultará ser el padre, solo lo sería en el ámbito jurídico, puesto que la carga genética de éste resulta ausente. En consecuencia, inseminar a una mujer casada con esperma de un tercero, implica introducir en esa familia una carga genética distinta, con todas las implicaciones, sociales, legales y psicológicas que ello implica.

Otra de las diversas aristas que nos plantea esta técnica de procreación, es cuando nos enfrentamos a la necesidad –o quizás al deseo- de aplicar la misma pero en una mujer soltera así como en el caso de la inseminación artificial post-mortem.

Los problemas derivados de la aplicación de ésta técnica son realmente variados y complejos. Adelante presentamos dos esquemas en los que se pueden apreciar las principales alternativas posibles, para posteriormente, analizar las consecuencias derivadas.

Esquema “A”

Esquema “B”

2. INSEMINACIÓN HOMÓLOGA

En principio podemos suponer que en el caso de la inseminación homóloga, (esquema “A”) existiendo la voluntad o anuencia de ambas partes, el hijo será de la pareja que recurrió a esta técnica, es decir si la mujer –esposa o concubina- fue inseminada con el semen de su pareja, estando ambos de acuerdo en dicho procedimiento, no existen problemas para reconocer la maternidad y la paternidad. Consideramos que en ésta hipótesis las reglas establecidas por nuestras leyes en cuanto a paternidad serían perfectamente aplicables.

A mayor abundamiento, en esta hipótesis la filiación no sería objeto de cuestionamiento. En general en este tipo de hijos, la diferencia fundamental será que no son producto de una relación sexual, pero la carga genética es indudablemente idéntica a aquella resultado de una relación sexual entre la pareja. Podemos decir que en el supuesto que nos ocupa fáctica y jurídicamente el hijo es de la pareja, puesto que existiría una igualdad biológica y consecuentemente legal respecto ambos padres para con el hijo. Podemos decir incluso, que en el ámbito de los social, el hijo resultado bajo esta hipótesis sería aceptado sin problema alguno.

En esta tesitura, nuestra legislación actual no tendría problemas en reconocer la filiación resultante y en consecuencia la condición de hijo produciría todas las consecuencias previstas por el derecho, consecuencias relativas a la patria potestad, los alimentos, la herencia, etc.

Una segunda hipótesis es cuando la mujer se hace inseminar con material genético de su esposo, encontrándose este vivo, pero sin la anuencia de éste último. Esta hipótesis, nada extraordinaria, se podría suceder por ejemplo, cuando el varón ha hecho congelar su material genético y la esposa se hace inseminar con dicho material pero sin pedir opinión a su cónyuge. De acuerdo con hipótesis, el hijo sería biológica y jurídicamente de dicha pareja. Sin embargo, no existiría por parte del varón lo que algunos autores han denominado la “voluntad procreacional”. [15] Si bien éste concepto ha sido principalmente concebido en función de los donadores de gametos, podría ser aplicable también en el caso que nos ocupa.

Similar situación encontramos cuando la inseminación es hecha post-mortem, (con material genético criogenizado) pues bajo este supuesto, eventualmente, no existiría esa voluntad procreacional a que hemos hecho alusión.

Efectivamente, en el caso de la mujer viuda, ésta podría someterse a una inseminación con esperma del marido –o pareja estable- fallecido, bajo éste supuesto nuestra legislación nos ofrece alternativas pobres y limitadas.

Nuestras leyes, primitivas en extremo, considerarán como padre al difunto, a condición de que el hijo nazca dentro de los trescientos días posteriores a la fecha de fallecimiento. Efectivamente, en principio si la viuda alumbra durante ese período el padre será el extinto esposo. Es evidente que dicho mecanismo es actualmente insuficiente, pues técnicamente sería posible que la mujer se haga inseminar con semen diverso, cerca de la muerte de su esposo o inmediatamente después, y como dijimos, la filiación del ser humano resultante podría ser biológicamente una y jurídicamente otra. Esto con todas las consecuencias inherentes.[16]

Ahora bien, biotecnológicamente es posible además, la crioconservación tanto de esperma, como de óvulos e incluso de embriones, siendo así, es técnicamente posible que una mujer se haga inseminar de manera artificial con semen de su marido difunto o pareja estable, pero fuera de los plazos establecidos por la ley, lo que podría suceder incluso años después de acaecida la muerte del varón, bajo este supuesto es de suponerse que el hijo nacido será considerado como sin padre, no obstante que se conozca la identidad de éste último.

No obstante lo anterior, es necesario señalar que nuestra legislación local prevé la posibilidad de la prueba del ADN para determinar la paternidad de un hijo, sin embargo esta alternativa solo es posible cuando hablamos de hijos nacidos fuera del matrimonio, así el hijo del que hablamos en la primer hipótesis es en principio considerado como un hijo nacido dentro del matrimonio, por lo que la posibilidad de recurrir a dicha prueba queda vedada. [17]

En otros países, esto ha sido resuelto prohibiendo la inseminación post-mortem, o bien cuando es permitida se hace necesario que conste, de manera fehaciente, el consentimiento del varón para que pueda ser utilizado su material genético después de su propio fallecimiento. [18] De nueva cuenta, apreciamos un vacío legal, ya que como lo hemos mencionado, nuestras leyes se mantienen al margen del avance biotecnológico.

Podemos apreciar que como lo sugerimos en el título del presente artículo, nos encontramos ante una verdadera encrucijada de la filiación.

La última de las alternativas que se pueden apreciar en la inseminación artificial homóloga de una mujer casada, sería cuando por medio de la coacción o de cualquier otro medio, el marido logre la inseminación de su mujer, aunque fuese con el propio material genético del varón pero sin la voluntad de ésta últim. Al respecto abundaremos más adelante.

3. INSEMINACIÓN HETERÓLOGA

Nuestra historia se complica aún más, cuando hablamos de inseminación heteróloga. En este supuesto la técnica de la inseminación artificial nos ofrece varias alternativas.

Una primer posibilidad es cuando la mujer casada es inseminada heterólogamente, es decir con semen de un tercero, con la anuencia de su pareja.

En principio es evidente que en esta hipótesis la filiación biológica de la mujer no es objeto de discusión, en cambio respecto al varón la situación es diferente. Partiendo del supuesto antes citado, es decir que el varón consintió en dicha inseminación, se podría establecer una paternidad –legal- aunque no biológica. Insistimos en el tiempo condicional del verbo poder, dado que actualmente esto es imposible en términos jurídicos.

En este caso, sería la aceptación por parte del varón respecto de la inseminación artificial en el cuerpo de su esposa o pareja, el elemento vinculante respecto de la filiación, independientemente de la “verdad” biológica. Llegamos de nueva cuenta al concepto antes citado de voluntad procreacional, en este caso con una aplicación dual, es decir respecto del donante de semen no existiría dicha voluntad y en consecuencia quedaría exento de las derivaciones filiatorias, trasladándose dicho concepto al varón, quién encontrándose imposibilitado fisiológicamente, acepta la inseminación de su pareja con esperma de un tercero. Lamentablemente, y como lo hemos mencionamos, bajo nuestro arcaico sistema legal, nada de esto se encuentra regulado.

En el caso que nos ocupa, es decir en la inseminación heteróloga, la parte preocupante y que seguramente generaría serios problemas sería cuando la mujer se hace inseminar con semen de un tercero pero, sin la anuencia del marido.

Es evidente que bajo este supuesto, la sola voluntad de la mujer no es suficiente para obligar a su esposo en términos de paternidad, sin embargo y tomando como referencia nuestra regulación actual nos enfrentamos a un serio problema.

Veamos que es lo que nuestro Código Civil plantea al respecto. De acuerdo con nuestra legislación vigente si una mujer casada procrea un hijo, éste se presume de facto como hijo de su esposo, y tendría que ser el esposo en todo caso, quien demuestre lo contrario. [19] Nuestro Código Civil, -que no regula la inseminación artificial- reputa hijos del matrimonio en dos hipótesis, la primera cuando nacen después de ciento ochenta días contados desde la celebración del matrimonio y la segunda cuando los hijos nacen, como ya se mencionó, dentro de los 300 días siguientes a la disolución del matrimonio, ya provenga ésta de nulidad del contrato, por muerte del marido o en el caso de divorcio. Este plazo se contabiliza, en los casos de divorcio o nulidad, desde el momento en que de hecho quedaron separados los cónyuges por orden judicial.

El problema aquí radica en que de conformidad con nuestras leyes, contra la presunción de paternidad antes aludida, no se admite otra prueba que la de haber sido físicamente imposible al marido tener acceso carnal con su mujer, en los primeros ciento veinte días de los trescientos que han precedido al nacimiento, o que aun habiéndolo tenido existan razones biológicas o fisiológicas plenamente comprobadas que imposibiliten la concepción. [20]

Así pues, si el marido ha sostenido relaciones sexuales con la mujer, y si no cuenta con un impedimento biológico o fisiológico, por ejemplo el ser estéril o el haberse practicado previamente una vasectomía, éste se encontraría en una imposibilidad jurídica para desconocer la filiación del hijo nacido producto de la inseminación artificial. Recordemos que los hijos nacidos dentro de matrimonio se presumen como hijos de la propia pareja, particularmente en lo que hace a la paternidad.

Respecto a lo dicho anteriormente, cabe destacar también que la Ley General de Salud establece una prohibición a la mujer casada para el efecto de que sea inseminada artificialmente, sin la anuencia de su cónyuge, [21] sin embargo, la referida disposición federal carece absolutamente de fuerza y eficacia jurídica, pues si bien impone la limitante antes aludida, no establece sanción alguna para aquellas mujeres que se hagan inseminar sin dicha anuencia, en consecuencia la existencia de tal dispositivo es, en la practica, total y absolutamente irrelevante. Aunado a lo anterior éste artículo habla de la mujer casada, es decir del matrimonio, pero nada dice respecto del concubinato.

Otro de los riesgos filiatorios, cuando una mujer se hace inseminar de manera heteróloga sin la aprobación de su esposo, es que siguiendo con el ejemplo del Código Civil de Nuevo León, el varón estaría además en imposibilidad de demandar el divorcio, pues aunque no resulte ser el padre, la madre no cometió adulterio en el sentido convencional del término. [22] Así pues, lo que quizás podríamos denominar como “adulterio biológico” no existe en nuestras leyes como causa de divorcio. [23]

Por otra parte, dado que nuestro Código ignora por completo estos avances médicos, que pasaría si una mujer viuda se hace inseminar con semen donado dentro de los plazos establecidos por la ley, es decir, en principio el hijo se presumiría como hijo del difunto, ahora bien al haber fallecido el esposo, no existiría posibilidad de impugnación de la paternidad, situación a todas luces delicada, puesto que en esta hipótesis la ley adjudicaría una relación filial que biológicamente no existe, esto con todas las consecuencias derivadas, por ejemplo a nivel de herencia.

Cabe destacar que existen tibios esfuerzos de parte de algunas entidades de la república, así por ejemplo en el caso de los Códigos Civiles de los estados de Baja California Sur, el Estado de México, Morelos, San Luís Potosí y Coahuila, la inseminación artificial heteróloga efectuada en una mujer casada sin la anuencia o aprobación de su cónyuge si es causa de divorcio. [24] Igualmente en el caso de Tabasco, la legislación Civil de dicha entidad establece que es posible el reconocimiento del hijo concebido por medio de la inseminación artificial, admitiendo también la adopción plena en caso de inseminación artificial.

Hasta aquí las implicaciones de la inseminación artificial de un matrimonio o pareja estable.

4. INSEMINACIÓN EN MUJER SOLTERA

Por otra parte, podemos apreciar otra hipótesis en la que nos encontramos ante un vacío legislativo, cuando la mujer que se somete a la inseminación artificial es soltera (esquema “B”).

En este caso habremos de distinguir entre dos posibilidades, la primera es si la mujer cohabita con una pareja estable o bien si no cuenta con pareja estable.

En el primer caso, consideramos que, al igual que en el supuesto de la mujer casada, debería establecerse que en caso de no haber consentimiento de la pareja, es decir de no existir la “voluntad procreacional” a la que hemos hecho alusión, no deberán existir consecuencias para el varón.

En el segundo caso, es decir si la mujer no vive con pareja estable y es inseminada con semen donado, en principio sólo sería posible establecer la filiación materna respecto a su hijo, el cual de conformidad con nuestra ley,  carecería de filiación por línea paterna.

Sin embargo, no podemos ignorar que en el caso de Nuevo León el capítulo relativo al reconocimiento de los hijos nacidos fuera del matrimonio, plantea la posibilidad de recurrir a la prueba biológica molecular, conocida como prueba del ADN, así de sucederse esta hipótesis, el donante de semen –bajo nuestra legislación actual- resultaría ser el padre. Esto en la medida en que las consecuencias respecto a la filiación de los donantes de esperma, no se encuentran reguladas en nuestro Estado como sucede en algunos países. [25] Según lo que pudimos apreciar, solo el Estado de Coahuila siguiendo la tendencia internacional, establece explícitamente que en caso de fecundación heteróloga, no existirá lazo filiatorio alguno para con el donante de los gametos. [26]

La historia, de nueva cuenta se complica en el caso de la donación de esperma, si bien en el grueso de los casos las instituciones dedicadas a la recepción de dichas donaciones mantienen en el anonimato al donador, [27] esto podría no ser así y nos enfrentaríamos de nueva cuenta a problemas de carácter filiatorio, particularmente en lo que a la línea paterna se refiere.

Podemos ver aquí, la serie de implicaciones derivadas de la falta de regulación del fenómeno bio-tecnológico, implicaciones en principio, de índole familiar y sucesorio, pero también de índole social.

Hasta aquí una vista panorámica de la derivaciones jurídicas producto de la inseminación artificial, sin embargo el problema va más allá, pues amen de las implicaciones señaladas, nos enfrentamos a una más, la selección de gametos.

Biotecnológicamente es posible la selección de gametos, es decir, médicamente es posible e incluso eventualmente podría considerarse como deseable, hacer una selección previa del material genético a utilizar, así, es posible seleccionar los mejores espermas u óvulos y descartar aquellos de baja calidad para con ello garantizar, en la medida de lo posible un mejor “producto”.

En principio, lo anterior pudiera parecer benéfico, sin embargo hay quienes hablan ya de una forma de racismo en contra del gen, [28] es decir al seleccionar lo que podríamos llamar los “mejores gametos” realmente lo que estamos haciendo es discriminar, bajo supuestos criterios médicos, ciertas características, eligiendo por ejemplo al mejor esperma y óvulo, descartando aquellos que no se ajusten a ciertos criterios o estándares de calidad.

Pero, cuales deberán ser los criterios a considerar al momento de una selección: inteligencia, fortaleza física, belleza?

El problema que se presenta, de connotaciones éticas, jurídicas y sociales es evidente, y nuestra ley, al no regular estas hipótesis, termina por ser una legislación liberal, – si no es que libertina- pues no olvidemos que bajo nuestro actual sistema , en tratándose de los particulares, todo aquello que no está prohibido, está permitido. [29]

Siendo así y al no existir una regulación atinente, gran parte de lo hasta aquí planteado es permitido por nuestras leyes, permisión insistimos que se deriva de la no regulación, permisión que además, como hemos venido sosteniendo, resulta evidentemente peligrosa e incluso hasta libertina.

Existen ya, casos documentados de lo que podríamos llamar bancos de gametos de pedigrí, en donde hombres o mujeres notables o extremadamente agraciados físicamente, ponen a disposición su material genético, específicamente óvulos o espermas, ya sea de grandes modelos o de hombres premio Nóbel. [30]

Por último, la pregunta obligada es si con todo lo anterior no estamos participando de una nueva forma de eugenesia, similar, aunque tecnológicamente superior, a aquella utilizada por la Alemania nazi. [31]

5. INSEMINACIÓN SIN CONSENTIMIENTO (VIOLACIÓN?)

Adicionalmente, una posibilidad que líneas arriba señalamos y que, evidentemente, es objeto de controversia es cuando una mujer es inseminada artificialmente sin su consentimiento, -homóloga o heterólogamente-. Acaso podríamos en esta hipótesis hablar de violación ?

En estricto sentido esto es imposible, esta hipótesis sin embargo -como uno de los tibios intentos de nuestra legislación- si se encuentra considerada por nuestras leyes. Efectivamente, la Ley General de Salud establece que :

Artículo 466.- Al que sin consentimiento de una mujer o aun con su consentimiento, si ésta fuere menor o incapaz, realice en ella inseminación artificial, se le aplicará prisión de uno a tres años, si no se produce el embarazo como resultado de la inseminación; si resulta embarazo, se impondrá prisión de dos a ocho años.

En este caso por ser una disposición de carácter federal es de aplicación en toda la república.

Por último existe la posibilidad de una inseminación no solamente con el esperma de un donante sino una inseminación que podríamos denominar combinada, llamada por algunos como cóctel espermático. [32] En este caso es un procedimiento en el que es mezclado el esperma del esposo o pareja estable con el de uno o varios donantes.

Este procedimiento es “recomendable” [33] cuando el varón no es completamente estéril, por ejemplo cuando su producción espermática es baja. Aquí, la aparente finalidad sería la de elevar las probabilidades de que la mujer inseminada resulte embarazada, y la aparente ventaja es que se establece una duda acerca la paternidad dando la ilusión, o quizá la esperanza, que el emberazo en caso de lograrse, haya sido con el producto genético del marido y no el de tercero. Promiscuidad genética? Quizás!

Hasta aquí presentamos una visión panorámica de implicaciones derivadas de la aplicación de los avances biotecnológicos en materia de inseminación artificial, sin olvidar que además existe la fecundación in Vitro, tema éste último, que será objeto de estudio en otro momento.


CONCLUSIONES

Podemos decir que la procreación humana asistida implica la creación de un ser humano mediante la participación de terceras personas y empleo de diversas técnicas, procedimientos que, como lo hemos venido sosteniendo, no han sido lo suficientemente analizadas desde las diferentes perspectivas.

Como podemos apreciar, mientras tengamos regulaciones fragmentadas en las que cada entidad aborda el problema de manera diferente, será imposible llegar a la integración social y a la certeza jurídica a la que toda sociedad debe aspirar.

Sabemos que la reglamentación sobre la procreación humana asistida no escapa de valoraciones y consideraciones de carácter moral, ético, político, religioso, sin embargo el peligro mayor radica en el hecho de los evidentes vacíos e incongruencias legales.

Uno de los principales problemas para regular la fecundación humana asistida, se deriva de la concepción jurídica que del material genético humano se tenga. De nuestra normatividad no queda claro si éstos compuestos biológicos deben ser considerados como bienes o como personas.

Los resultados de estas indefiniciones repercuten directamente en las relaciones filiatorias, hoy los conceptos de paternidad e incluso el de maternidad, quedan en entredicho. Esto en una primerísima instancia, pues no es solo el derecho familiar el que se ve afectado, lo es en general todo el orden social.

En fin, creemos que hoy el derecho en particular pero las ciencias sociales en lo general se enfrentan a nuevos supuestos hasta hace poco imposibles de considerar, en consecuencia, se hace necesaria una revisión a fondo. Las nuevas posibilidades derivadas de la manipulación de gametos, no pueden mantenerse al margen de la discusión, hoy mas que nunca se hace necesaria la activa intervención de las ciencias sociales ante estos nuevos retos.

Aunado a lo anterior, es de esperarse que la ciencia mediante intervenciones en el patrimonio genético adquiera un dominio más perfecto no sólo del hombre sino de su mundo-ambiente, el peligro radica en que esto se suceda en un ambiente de anarquía, de ahí la necesidad de la reflexión respecto del fenómeno Bio-tecnológico.

Las Biotecnociencias constituyen más que una innovación tecnológica, una verdadera revolución en la historia de la humanidad dado que estas nuevas tecnologías biológicas vienen a recrear al hombre y eventualmente su entorno. [34]

Nuestra reflexion, representa necesariamente una simbiosis entre la regulación del ser humano en sociedad, y las nuevas formas de adquisición de la vida. Pretende zanjar las graves consecuencias derivadas del avance Biotecnológico para dar certidumbre a aquellos seres humanos que necesiten recurrir a las nuevas técnicas de procreación asistida. Igualmente invita a la reflexión a efecto de establecer límites en cuanto al uso de dichas técnicas así como definir las fronteras de la investigación.

 

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[1]Mateo Martín, Ramón y otro, Bioética y derecho, Barcelona, Ariel, 1987, p.31.

[2] Huxley, Aldous, Un Mundo feliz, México, Ed. Diana, 1994.

[3] Testart, Jacques y otro, El Racismo del gen. Biología, medicina y bioética bajo la férula liberal, México, FCE, 2001, p.60

[4] Messina de Estrella Gutiérrez, Graciela N., Bioderecho, Argentina, Abeledo-Perrot, 1998, p. 22

[5] Messina de Estrella Gutiérrez, op. cit. , p. 109.

[6] Testart, Jacques y otro, op. cit. p.49

[7] Bergel, Salvador D. y otro, Bioética y derecho, Argentina, Rubinzal-Culzoni, 2003, p. 82.

[8] Bergel, Salvador D. y otro, op. cit., p. 262

[9] Entre otros los países con regulaciones jurídicas al respecto son: Alemania, Francia, Inglaterra, España, Australia, Portugal, Suecia, Noruega y Dinamarca. ase al respecto, Messina de Estrella Gutiérrez, Graciela N., op. cit. p. 157 y siguientes

[10] Véase Inseminar. Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española, XXII Edición, España, 2001, p. 1283.

[11] Messina de Estrella Gutiérrez, Graciela N., op. cit. p. 67.

[12] Martín Mateo, Ramón, op. cit. p. 113.

[13] Warnock, Mary, Fabricando Bebes, Ed. Gedisa, Barcelona 2004, p.12.

[14] Warnock, Mary, op. cit., p.13

[15] Bergel, Salvador D. y otro, op. cit. p.263

[16] Véase la fracción II del artículo 324 del Código Civil, vigente para el Estado de Nuevo León, la que presume que si el bebe nace dentro de los 300 días posteriores a la fecha de fallecimiento se presume hijo del difunto.

[17] Véase el capítulo IV del Código Civil para Nuevo León, capítulo relativo al “RECONOCIMIENTO DE LOS HIJOS NACIDOS FUERA DEL MATRIMONIO” Véase en específico el atículo 381 bis.

[18] Messina de Estrella Gutiérrez, Graciela N., op. cit. p. 136.

[19] Véase el artículo 324 del Código Civil vigente en el Estado de Nuevo León.

[20] Véase el artículo 325 del Código Civil vigente en el Estado de Nuevo León.

[21] Véase artículo 466 de la Ley General de Salud.

[22] Véase Boletín Mexicano de derecho comparado Nº. 82, Biblioteca Jurídica Virtual, UNAM, (09 de Noviembre del 2004.)

http://www.juridicas.unam.mx/publica/rev/boletin/cont/82/art/art2.htm.

[23] Testart, Jacques y otro, op. cit. p. 111

[24] Véase el apartado del “Divorcio” en cada uno de los Códigos Civiles de las entidades federativas antes aludidas.

[25] Véase Boletín Mexicano de derecho comparado Nº. 82, Biblioteca Jurídica Virtual, UNAM, (09 de Noviembre del 2004.)

http://www.juridicas.unam.mx/publica/rev/boletin/cont/82/art/art2.htm.

[26] Véase el apartado relativo a la filicición y paternidad del Código Civil del Estado de Coahuila.

[27] Bergel, Salvador D. y otro, op. cit. p. 267.

[28] Véase particularmente, Testart, Jacques y otro, op. cit.

[29] Garza García, Cesar Carlos, Derecho Constitucional Mexicano, Ed. Mc. Graw Hill, México, 1997, p.38

[30] Testart, Jacques y otro, op. cit. p. 59, 60 y sig.

[31] Ramos, Rodolfo, Fecundación Asistida y Derecho, Argentina, Juris, 1992, p.51y 56

[32] Véase, http://comunidad.vlex.com/dergenetico/LibDerGenC7.html.

(29 septiembre 2004.)

http://comunidad.vlex.com/dergenetico/LibDerGenC7.html.

[33] El entrecomillado lleva la intención de cuestionar el concepto “recomendable”

[34] Bergel, Salvador D. y otra, op. cit. p 83

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